La historia se las debe.
Apenas hace dos años, los jóvenes conocieron lo que es el aislamiento debido al Covid 19. Un día, les informamos que teníamos que encerrarnos porque un virus nos acechaba y no sabíamos cómo reaccionar. Este microorganismo estaba cobrando vidas de inocentes de una manera aleatoria, sin distinguir, género, sexo, edad o ciudadanía. Y, la incertidumbre surgió.
Durante meses, tuvimos a estos chavos apartados del contacto físico con sus amigos, esos que mejor entienden sus miedos y sus dudas sin temor a ser juzgados, y sobre quienes privilegian su tiempo de compañía, más que con su familia misma, ya que a esa edad sus amigos son primero.
Estos jóvenes dispusieron de herramientas, como zooms, Tik-Toks y otras redes sociales, para poder mantenerse comunicados, sin embargo ninguna de ellas era equiparable al sentimiento de felicidad de estar en contacto físico con los suyos.
Cuando, parecía que todo estaba a punto de volver a la normalidad, el mundo les tiene otra sorpresa, Rusia invade Ucrania. Surge un sentimiento de impotencia, frustración y coraje que se respira entre nuestros jóvenes. Tienen la sensación de que es el fin de sus sueños. Con poca o nula esperanza ven nuevamente un futuro que los amenaza, los restringe y los limita. ¡Pobres chavos! ¡Ahora una guerra amenazante! No obstante, tienen la tarea de observar y aprender de las generaciones pasadas quienes vivieron y sobrevivieron a millones de atrocidades como la Primera y Segunda Guerra Mundial, los campos de exterminio, la Guerra Fría y la incesante amenaza de una guerra nuclear, Vietnam, la caída del muro de Berlín, el ataque a las Torres Gemelas etc.
Ahora estos jóvenes se cuestionan la falta de aprendizaje de la humanidad, sobre nuestros errores en el pasado. Se encuentran hundidos y desorientados; con ganas de actuar pero sin medios para lograrlo.
Por lo que considero que proveamos a nuestros futuros líderes con herramientas efectivas y amorosas, a través de nuestro ejemplo, comenzando desde nuestra comunidad y nuestro hogar, generando ambientes libres de violencia y aptos para el diálogo
Debemos de creer en sus demandas y fomentar espacios para la expresión, darles alas de esperanza, encaminarlos a levantar su voz y orientarlos asertivamente.
Aceptemos que las formas de protesta han cambiado, tales como las que se hacen virales en redes sociales a través de un hashtag, cuyo impacto ha generado movimientos significativos como #metoo, #blacklivematters entre otros.
Tenemos la obligación moral de apoyarlos y compartir sus logros, trabajar en sus angustias y fomentar la participación. Como gran ejemplo entre muchos, tenemos a una joven activista Greta Thunberg, que a través de su voz ha conquistado espacios de atención y acción de grandes líderes mundiales, siempre con el apoyo de sus padres.
Confiemos en nuestros jóvenes, démosles voz y apoyo, porque la historia… se las debe.
Dedicado a mis hijos Carolina, Montserrat y Eugenio.
