De mi brazo a mis pies 42.2k

Desde el momento que el doctor me infiltró el pie 5 días antes del maratón y leí en su mirada que no
se sentía cómodo comprendí que no sería fácil este reto. Antes de salir de su consultorio me dijo: «corre lo que puedas». Y así fue.
Finalmente llegó  el día. Preparada con la dosis exacta de geles, electrolitos y sobretodo mi brazo con cada nombre escrito en él. Como dijo mi hermano: «papá diría que pareces carcelera». Seguramente,  pero también tendría una gran sonrisa si supiera el motivo de mis rayones.
Después del tráfico que ocasiona el cierre de calles por este tipo de eventos, me encuentro en la salida. Muy nerviosa, asustada, mi marido me toma fotos mientras yo rezo, fácil no iba a ser. Recordaba mi primer maratón que éramos un grupo de 5 personas y yo escuchaba atenta su experiencia con cierta ingenuidad, me colgaba del brazo de mi hermano de cariño y le decía que no me dejará, que por favor saliéramos juntos. Ahora, salía sola junto con mis acompañantes en mi extremidad superior izquierda, iba cubierta.
Desde el momento previo a la salida, cuando por inicio de la carrera, comienza el trote, supe perfectamente que no funcionó todo medicamento ingerido y que a partir de ahí este maratón estaba en mi cabeza. No habíamos pasado ni los primeros 100m. Cuando visualizo una pareja que los unía un lazo por ambas manos y chalecos amarillos, donde el de él decía: guía, y el de ella: ciega. Entendí que esto era la señal más pura de mi realidad. A partir de ese momento se convirtieron en mis guías. Me fui detrás de ellos a su paso aunque era ligeramente más lento que el mío pero no importaba. Así corrimos los primeros 10km y puedo decir que gracias a ellos continúe.


No suelo revisar la altimetría del evento pero en esta ocasión mi esposo me hizo inca pie sobre una subida en el kilómetro 11. Cuando corría con mis guías agradecí no haber visto previamente las cuestas por las que iba, llegamos a ese kilómetro previamente anunciado cuando mis guías deciden caminar. ¡No! Yo no me podía dar ese lujo, ni modo ¡A correr se ha dicho! Más tarde al pararme al baño me encontré nuevamente a mi pareja de ángeles y les agradecí esta carrera. No los volví a ver.
Entre la adrenalina y las realidades que te ofrece la vida iba corriendo «bien». Mi esposo con cara de preocupado me encontró en el 12 km y cuando me vio se relajó. Seguí corriendo, los paisajes eran singulares, iba maravillada. Estaba en unos de las lugares más bellos que había estado jamás. Tenía mi platica interna, pensando en mi vida, mi futuro, mi madre, mis hijos, mi trabajo, mi blog. Veía mi brazo y sonreía, estaba gozando lo que hacía, mientras jugaba con mi mente evitaba el dolor, funcionaba.


Anhelaba llegar al 21km ahí estaría nuevamente mi compañero de vida esperándome para correr hasta la meta. Y así fue, lo vi y me inyecto un poco más de aliento con su sonrisa. Hizo FaceTime con mis hijos y no pude evitar derramar una lagrima hasta que el más chico de ellos me pregunto que si iba ganando, me reí y le dije: «si, si voy ganado» por dentro pensaba: ya llevo 21k, voy ganando, mientras mis otras dos hijas se hecharon a reír burlándose de mi respuesta.
Comenzamos a correr a buen ritmo. Por un momento sentí un poco de desesperación cuando no llegaba al kilómetro 30. El dolor era más evidente. Finalmente, comenzamos los 30’s donde entramos a un parque divino que ayudó a distraerme por unos 2km más. Voltee con mi esposo y le dije: «ya me duele mucho el pie y me esta dando un calambre»,  caminamos poco y justo en ese momento sentí un dolor muy fuerte en la cadera y espalda baja, nuevamente corrí. Empezó el sufrimiento real, mi cuerpo ya estaba muy lastimado, mi cabeza cansada de ser fuerte. Corríamos alrededor del mar que se veía helado, yo pensaba: «ahora sí es el último maratón. Aunque no me guste nadar, voy a hacer triatlones, prefiero esa agua helada que esto». Así, pasaron por mi mente miles de ideas hasta que al levantar el brazo leí: Germán. Me puse a rezar, Dios me escuchará más fuerte.
Seguía corriendo con mucho dolor, mi esposo me daba electrolitos y me animaba. Yo ya no soportaba ni siquiera escucharlo, hasta que empezó a leerme todos los mensajes de amigos que me motivaban a través de su teléfono, fue un golpe de adrenalina, algunos incluso los escuche: «vamos» y «ya falta poco»… Llegamos al km 38, este está dedicado a la Chinos, desde que vi el letrero 38 deje de quejarme y corrí sin parar. Acabo este lapso y leí 39k, paré para tomar aire y seguir adelante con lo que me quedaba, este es el kilómetro de mis hijos. Comencé a llorar, ya no podía y sin saber mi esposo hizo otro FaceTime con ellos, gritaban, me echaban porras, me cantaban… Hasta el Himno Nacional y el Goya escuché. Llego el 40k, este es dedicado al que en ese momento iba junto a mí, me animaba, continuaba leyéndome todo lo que recibía. Él quería cargarme y llevarme a la meta y así fue, cargo mi espíritu por un kilómetro más, yo iba completamente agradecida. Aparece el 41km, de aquí en adelante cada paso está dedicado a mi. Preguntaba lo que todos pensamos en este punto: ¿dónde chingados está la meta? Y la respuesta que todos nos dan: «ahí adelante». Corría como podía una última subida, no iba a parar porque si no jamás lo lograría . Y si, ahí a lo lejos estaba la meta, jamás la había visto tan borrosa, parecía  que al acercarme ella se alejaba. Había poca gente sinembargo el entusiasmo de mi marido al levantar los brazos hacia que la gente me gritara. Iba hecha un mar de lagrimas, sonreía al escuchar el barullo, me enternecía ver el esfuerzo de mi esposo por animarme… Levante los brazos como pude, agradecí a mi padre que me observaba desde allá arriba y crucé. Lo había logrado, no podía ni sonreír, me aventé contra mi esposo, ya no podía caminar y lloré, lloré y lloré.
Durante este largo episodio me cuestioné mucho el esfuerzo. Hoy no sé si habrá un cuarto maratón en mi vida pero lo que sí sé es que un guía ciego puede ser el mejor para uno que cree que lo ve todo. Supe que soy capaz de controlar la mente y transformar el dolor. Agradecí que tengo un soporte de amor, mi familia, amigos y en especial mi pareja, que me sostienen para llevar acabo estas locuras. También tengo claro que soy una necia con medalla al cuello.
Gracias infinitas por sus porras, al sacar mi celular para tomar algunas fotos lograba ver mensajes de ánimo. Si me llegaron, al igual que toda su energía. Y gracias también a cada uno de los que me acompañaron en mi brazo izquierdo, conocidos o no, fueron parte importante en este proyecto. Gracias por siempre.

3 comentarios en “De mi brazo a mis pies 42.2k”

  1. Avatar de María José benita
    María José benita

    👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻 eres una campeona. Me encanto acompañarte en este MARATON. Sentí tus ganas de acabarlo y tú dolor, hoy al leer esto me sacas unas lágrimas.
    Gracias por compartirlo

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