Hoy, después de muchos años de la partida de mi papá, entre dolor, nostalgia y lágrimas, lo recuerdo como uno de los días más tristes de mi vida que se convirtió en una transformación. E, inevitablemente lo extraño, todos los días y a veces en silencio le guardo una lágrima. Me gustaría que estuviera aquí para compartir todas mis alegrías, mis triunfos, mis buenos momentos, y también me encantaría poder sentir su abrazo de apoyo en tiempos de incertidumbre.
Agradezco su existencia, que afortunadamente, hizo posible la mía. No sé si hay vida después de la muerte, pero su legado, que es mío lo tengo presente y pareciera que me lo tatuaron el día de su muerte. Aún puedo olerlo y a veces, en sueños, creo platicar con él.
Gracias por una paternidad diferente a la que, quizá, me hubiera gustado tener y lo he perdonado, sin juzgar, cada quien tiene su propia historia. Y, a través de la de él, yo estoy escribiendo la mía. Soy feliz de lo que he llegado a lograr, y estoy consciente de lo mucho que me falta por recorrer en este camino. Las vertientes que surgen de un evento tan doloroso pueden ser inalcanzables, cada una de ellas son enseñanzas y me atrevo a decir que varias son satisfactorias.
Todos los que hemos perdido a nuestros padres o madres, nos aparece una nueva manera de ver la vida. Pensamos en ellos como nuestros observadores y hacemos cosas en su nombre. Nuestros actos cambian con una dedicación diferente, quizá no lógica para la mayoría, pero muy personal.
Algún día nos volveremos a encontrar. ¿Cómo?, no sé pero la idea de estar nuevamente juntos me hace sentir que jamás nos hemos separado. Creo, que los vínculos paternales no se rompen, sólo se transforman.
Gracias por existir… porque por él, soy lo que soy, y busco convertirme en una mejor persona de la cuál, mi padre, estaría orgulloso.
Y, como dicen por ahí: «No hay muerto malo». El mío, no fue el mejor, yo tampoco lo soy, ni nadie, pero es hermoso poder recordar sólo lo bueno. Que pena, que hasta que dejamos este mundo, algunos, somos capaces de reconocer las virtudes y tratar de copiarlas.
Hoy, también pienso en ti. Mi luz, mi foco, mi inspiración, mi motivo, mi paz, mi naturaleza… mi yo.
Lo que me resta por decir… es Gracias por existir. Aunque, me gustaría poder hacerlo en persona pero ahí donde yo te guardo, en ese lugar secreto de mi corazón, vive tu recuerdo.

¡Gracias por existir!