Hace apenas unos días tuve una crisis de vanidad, y decidí que era momento de hacer algo por mi piel y mis lindas marcas propias de la edad. Así que, busqué a un experto y me puse en sus manos para lograr verme «un poco mejor».
Para quienes no me conocen, soy una persona que no soporta estar mucho tiempo sentada sin moverse, es más, cuando tengo que ir al salón de belleza a retocar el tinte, parezco niña chiquita preguntando cada diez minutos ¿Cuánto falta?.
Las primeras instrucciones que recibí fueron: «relájate, no duele, toma tiempo y NO TE MUEVAS». ¡Error! Hice todo lo contrario… y… ¡Zaz! ¡Me muevo!. En ese momento, siento un golpe arriba del pómulo izquierdo, pero no le doy importancia y sólo escucho: «por favor, quédate quieta, ya vamos a acabar». Al terminar, me pasan el espejo y noto una «pequeña» inflamación en esa área. Salí del consultorio orgullosa de que había hecho algo por mí y me fui a tomar un café con una amiga. Cuando me ve, pregunta: «¿Qué te pasó en el ojo? Lo tienes inflamado». Le cuento la historia y sugiere ponerme hielo, pero no hago caso. Después de tres horas llego a casa emocionada y al verme al espejo, tengo un moretón justo debajo del ojo, que se empieza a hacer más oscuro.
Al día siguiente, tenía una comida con unas amigas, misma que tuve que cancelar porque el moretón era negro y parecía un golpe a puño cerrado. Todo el día me quedé en casa, curándome con hielo, árnica, pepinos, ajo, cebolla etc. Pensé, «esto va a pasar y seguro en dos días antes de partir de viaje voy a estar perfecta». ¡No! aumentó la zona negra y la profundidad.
Aun así, tomé el vuelo con un poco de maquillaje y me fui.
Bajé del avión con prisa, no tomé la precaución de verme al espejo y pasé a migración. Quiero aclarar que este proceso siempre me ha causado pánico, como si fuera una ex convicta o perseguida.
Finalmente, toca mi turno, entrego mi pasaporte a la policía, revisa la foto y me mira a la cara. Su primera pregunta, antes de varias, es: ¿Qué te pasó en el ojo? Pensé, ¡chin! si se nota. Y con una sonrisa le contesto: «me hice un procedimiento cosmético». Me sigue observando pero con mucho más detenimiento, revisando hoja por hoja los sellos del pasaporte. Comienza una batería de preguntas, que yo no me esperaba, tales como:
-Ella: ¿Por qué te lo hiciste?
-Yo: vanidad.
-Ella: ¿Quien te lo pago?
-Yo: yo
-Ella: ¿A qué te dedicas?
-Yo: trabajo…
-Ella: ¿Cuánto ganas?
-Yo: variable.
-Ella: ¿Cuánto tienes de casada?
-Yo: 17 años.
Para ese entonces, mis nervios ya estaban de punta.
-Ella: ¿Cómo es tu relación con tu esposo?
En ese momento comprendí que pensó que era una mujer golpeada. Más nerviosa me puse.
Yo: Buena. (No iba a entrar en detalles y pedirle un café ¿verdad?)
Ella: ¿tomas medicamentos?
Me quedé en silencio porque olvidé como se decía tiroides en inglés y mientras pienso: traigo las pastillas en mi bolsa, si me pasan al «cuartito blanco» ¿Cómo voy a explicar para qué son? Y, ¿Si creen que soy adicta a fármacos? Total, le contesto: «si, para… y le señalo la tiroides».
Ella: ¿Nada más?
Entonces, ahora creo que ella piensa que no sólo soy una mujer golpeada sino, una traficante de drogas o consumidora. Estoy muy asustada. Respondo: «si, y para la colitis» (como si fuera necesaria esa información).
La expresión de la policía cambiaba a cada una de mis respuestas, mientras se acercaba cada vez más a verme. A mí me sudaba todo, hasta el occipucio.
Entretanto, observaba como pasaban rápidamente los demás viajeros en las otras líneas y, ¿yo? seguía ahí, en mi interrogatorio.
-Ella: ¿Que hacen tus padres?
Me levantó la autoestima porque pensé que me veía «chavita».
Yo: mi padre murió y mi mamá está enferma.
¡No! grave error con mi respuesta. Noto, su cara de asombro. Y, sigue con el cuestionamiento:
-Ella: ¿Y, estás deprimida?
Yo: No.
-Ella: ¿fumas?
-Yo: si. (no podía decir que no, cuando traía una cajetilla de Marlboro blancos y mi vape)
-Ella: ¿Tomas alcohol?
-Yo: ocasionalmente (mientras pensaba, si me revisan mi celular verán, varias fotos de mi copa de vino rosado). Evidentemente, ya me sentía detenida, inspeccionada y encarcelada. O, con una persona de «house services» y varios psicólogos tratándome.
-Ella: ¿Eres vegetariana?
-Yo: no. (¿Por qué me pregunta esto? ¿Habrá relación en ser vegetariano con alguna adicción?)
Y, así siguió con más preguntas sobre mi estancia. Ya, al borde de las lágrimas, le contesto: «por favor, ya estoy muy nerviosa, soy una persona saludable y con una vida sana, tanto en lo físico como en lo familiar, sólo me moví, mientras me hacían el procedimiento y eso fue lo que ocasionó el moretón en el ojo».
Con cierta inseguridad, la mujer puso los sellos en mi pasaporte y en la hoja de migración, anotó un número. Me entregó mis papeles y dijo: «pasa».
Inmediatamente, busqué un baño, y al mirarme al espejo comprendí porqué tantas preguntas, ¡no había rastro alguno de maquillaje!. Así que, sólo rogué a Dios que ese número que había puesto detrás de la hoja, no significara que me habían «fichado» y que al tratar de salir con mis maletas me fueran a detener.
Afortunadamente, no fue así, recogí mi equipaje, entregué la hoja, con la cabeza abajo, al policía de salida, tratando de actuar «lo más normal posible».
Finalmente, salí del aeropuerto de noche, con lentes obscuros. Ya, en el taxi, rumbo al hotel, buscaba desesperadamente en internet, tutoriales de cómo maquillar un moretón en la cara. Para mi sorpresa encontré en muchos de ellos mensajes contra la violencia intrafamiliar. Reflexioné sobre la cantidad de mujeres que, hoy en día, sufren esta situación. Lo mío fue vanidad pura, pero allá fuera y no tan lejos, hay muchas víctimas del maltrato emocional y físico. Y, quizá, para mí fue una tortura el interrogatorio exhaustivo de la policía, pero para otras, pudo ser una oportunidad de ayuda. Al final, la mujer uniformada estaba haciendo lo posible para tenderle la mano, a alguien que lo necesitara… aunque no fuera mi caso.

Por cierto, ahora tengo una colección numerosa de maquillajes, correctores y sombras, dignas de una experta en cubrir imperfecciones.
P.D. Si alguien me pregunta qué me hice, mi respuesta será un moretón. Y, si la siguiente pregunta es quién me lo hizo, contestaré: un profesional.