Yo no sé si soy a la única persona que le suceden este tipo de situaciones, probablemente es un tema generacional debido a mi edad, y quiero aclarar que soy joven, pero ya me ha sucedido que enfrento una batalla campal contra la pantalla y no más no logro ganarle, ¡Caray!.
Por ejemplo, cuando tengo que llenar un formato en internet; ya de entrada me pongo nerviosa al ver los espacios; acto seguido hay que escribir «correctamente» las respuestas, me aparece un mensaje que me impide seguir con el resto diciéndome que rectifique lo que está en rojo; lo vuelvo a leer con toda la atención del mundo, escribo la misma respuesta porque estoy segura que la máquina se confundió y ahí voy de nuevo a regarla. Así, las veces que sea necesario hacerlo hasta que me desespero lo dejo o modifico «algo» y gano. Precisamente, la semana pasada intenté comprar unos boletos de avión y jamás lo logré.
También, hace unos años que compraba en línea, invariablemente duplicaba el pedido, o me equivocaba de talla, o lo mandaba a una dirección errónea y peor aún, no sabía cómo devolverlo, así que mis hijas tenían, doble chaleco del mismo color y misma talla, o, dos pares de tenis, etc. Ya me había gastado una lana que según yo aprovechaba la compra porque estaba en oferta y al final salía lo doble de cara. Afortunadamente, en esta área he mejorado bastante después de varios errores, hoy puedo presumir que hasta en mi propio teléfono celular hago compras y me emociono cuando leo: «su orden ha sido aprobada» Fin. ¡Gané!
Precisamente, hace unas semanas una de mis hijas se fue de campamento y diario subían fotos de los niños a través de una página privada con una contraseña propia, PERO, (ahí viene el PERO), para entrar a ver las fotos salía esto: 
Comienza la pesadilla, me sentía en un examen final frente a 5 sinodales mega picudos; me sudaban las manos; tenía la sensación de que alguien me observaba frente a mi pantalla; y además me negaba a que esta máquina me ganara y no me dejara ver las fotos de mi chamaca. Así que me concentraba, apagaba el radio o lo que tuviera cerca, pedía silencio total y ahí estaba buscando todas las imágenes de coches o de transito que me solicitaba mi contrincante, le daba en el botón de verificar y seguían saliéndome más pantallas, ya me sentía totalmente derrotada hasta que noto que en las instrucciones decía: «haz clic en Verificar cuando no quede ninguna».
Al fin, ninguna viva; respiro y exhalo; y… ¡Bravoooo! aparecen las deseadas fotos. ¡Qué alegría! ¡lo había logrado!. Gracias a Dios, sólo se fue 4 días de campamento y no tuve que seguir con la tortura más tiempo.
Hoy, después de dos semanas de haber comenzado un diplomado y que mi profesor nos mandó los libros de texto a leer en el curso a través de un Drop box, finalmente, logré bajarlos completos. Yo esperaba que llegara el prof. con una hoja impresa con todo el material a leer pero me equivoqué, me di cuenta que hemos evolucionado y creo, que yo no tanto.
Mientras seguiré luchando con páginas que me ponen a prueba y aplicaciones que me parecen poseídas por el mismo diablo. Ya ni me pregunten qué respuesta obtienen mis hijas cuando me piden ayuda para poder ver la tarea en una de esas plataformas que ahora envían las escuelas, porque al segundo intento insatisfactorio saben que mi respuesta será: «mi amor, no seas mala, llámale a tu compañera para que te explique porque tal vez nosotros tenemos otra versión o nuestra computadora no es compatible con las de la escuela (obvio, me invento cualquier pretexto) y para terminar mi justificación le digo además ¿sabes qué? tengo que hablar a la oficina de volada». Y, en menos de 10 minutos, mi hija, en una plática en Facetime, con su Ipad, ya sabe cómo abrir el programa y hasta ya investigó otro «link» donde encontrar las respuestas.
En el fondo me gustan estas pruebas que me pone internet porque me ayudan a aprender algo nuevo pero sobretodo me siento Bill Gates al derrotar al mendigo «no soy un robot».