Navaja de doble filo

En ocasiones me abruma el exceso de información que llega a mis manos a través de un simple celular. Sí, tiempo atrás me hubieran dicho  que esto iba a ser posible, seguramente, habría pensado que era un sueño tan guajiro como los coches voladores de la película «Volver al Futuro» pero, hoy es una realidad. Se tiene acceso a todo tipo de fuentes electrónicas en cualquier momento del día. Por mi parte, considero ser una persona madura que puede procesar una búsqueda generosa y no espantarse de los resultados, aunque he de confesar que algunos han quedado impresos en mi mente por fuertes o dolorosos que resultan. También confío en mi habilidad de manejar una red social con el debido nivel de privacidad, aunque algunas veces se me escapa una imagen no deseada a compartir. Lo que me inquieta es la interacción de mis hijas con estas herramientas tan a la mano,  aunque estoy consciente que no se puede negar el uso porque es el momento que les toca vivir creo que hay que tomar medidas de cuidado. Aún no sé bien cuando será el momento en que estén «maduras» para poder ser libres por la red porque no se trata de una edad determinada, considero que ellas solitas irán dando la pauta para adquirir confianza en sus búsquedas y en comunicaciones, tarde o temprano tendrán que hacerlo para poder subsistir en la era digital, como actualmente hay tantos jóvenes usuarios.IMG_0243

No he de negar que hay cosas maravillosas cuando se trabaja con estas herramientas enriquecedoras, funcionan muy bien para informar y desafortunadamente,  también para extorsionar. Así lo vivimos  en nuestro círculo familiar hace unos días, cuando un entrenador de un gimnasio deportivo aborda a una jovencita inexperta e inocente de 16 años, ofreciéndole trabajo por 3 días con un sueldo interesante para esa edad. Consistía en contactar vía WhatsApp a «la gurú en el tema», quien la lleno de halagos y le ofreció lo que toda niña sueña: convertirse en una modelo o en su defecto a lo más cercano posible. Esta persona aseguraba que la apoyaba una supuesta red de expertos, le solicitó dinero para inscribirla a este mundo mágico, al no tenerlo, le ofrecieron este paraíso gratis. Ella jamás dimensionó lo grave del asunto pero afortunadamente, se acercó a su madre  para avisarle de su nuevo plan de vida, y fue ella quien pudo detener el «sueño» de ser independientemente hermosa. Esta adolescente juró que un secuestro no le iba a suceder, pensó que se daría cuenta a tiempo pero su «colmillo de niña mala» no está lo suficientemente afilado como para detectar la trampa desde un principio y lo mejor de lo peor que le hubiera podido suceder era una violación,  aunque también sabemos que  el panorama más desagradable pudo ser desaparecer, prostitución, venta de órganos y un sin fin de atrocidades por enumerar.

Estas situaciones son reales, se viven y se palpan en nuestro entorno constantemente, no olvidemos que siempre existe alguien más abusado o algún abusador. Aprendamos a cuidarnos, empezando por lo que enviamos y compartimos, no todo lo que está en la red es cierto, ni todo lo que nos dicen nuestros padres es mentira, existe la maldad y cuando se mueve por dinero, esta no tiene límites. La tecnología es una gran herramienta pero no deja de ser una navaja de doble filo, hay que aprender de que filo la tomamos y con qué ojos la miramos.

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