¿Recuerdan que hace apenas unos días les mostraba mi brazo izquierdo con nombres y dedicatorias? Pues, hoy esa misma mano trae una férula y venda hasta el codo. ¿qué me pasó? Un pequeño accidente. Ojalá pudiera decir que iba a 60 km/h en la bicicleta, se cruzó un perro y por no atropellarlo salí volando… pero, no es así. También me encantaría presumir que iba corriendo velozmente y resbalé por un acantilado, rodé, cayendo con la mano… pero, tampoco fue así. O, que le hubiera dado un golpe en seco a un patán y él hubiera quedado en el hospital con toda la cara desfigurada… pero, no.
Lo que sucedió es que cuando uno tiene prisa, tontamente, olvida sacar la mano de la cajuela y esta se cierra. ¡Auch!, aunque por suerte, no logró hacerlo por completo y así no hubo ni fractura, ni operación, ni nada drástico, más que un fuerte golpe con los nervios afectados, lo cual requiere una férula con bastante algodón y venda, dejándome inmóvil e inútil por varios días, acompañada de varios medicamentos para el dolor que me tienen más cerca de Morfeo. Claro, que cuando sucedió el trancazo lloré, aullé y vi todas las estrellas de galaxias completas y hasta creo que descubrí una que otra.

Pero el tema, no es de sentir compasión por mi distracción, no por favor, sino porque esto me ha obligado a ponerle un alto a este ritmo tan ajetreado en el que vivo, en especial este año en el que no he parado. Varias veces anhelaba tener un poco de paz en mi rutina y hoy, Dios o como le quieran llamar, me mandó lo que tanto demandaba (bien dicen que lo que pides se te concederá). No obstante, del descanso estoy viviendo una de las partes más difíciles de confrontar en mi ser y es la de pedir ayuda, ya que desde pequeña me enseñaron a no depender de nadie, a hacer todo por mi cuenta, y hoy no tengo más remedio que pedir que me apoyen hasta para partir la comida o amarrarme los zapatos. Así mismo, descubrí que mis hijos me miran más terrenal, también comprendieron que su mamá necesita que la apoyen y que cooperen con ella.
Así que mientras esta mano se recupera, aquí ando en casa, tranquila, descubriendo los rincones donde da el sol (mi perra y yo parecemos una misma), tratando de hacer las paces con la televisión y agarrarle cariño. Por el momento, no me es fácil leer un libro, (aunque no lo crean también se necesitan de las dos manos para tan sencilla acción), así que aunque siempre me resistí a comprar libros digitales porque amo el olor de las páginas, el entrar en una librería y enloquecer al ver el mundo de portadas y títulos o experimentar esa alegría o nostalgia cuando se termina… pues, también sucumbí a la tecnología. Hasta estas pequeñas cosas aprendí a tomarles cariño.
Sin embargo, la gran lección de esta experiencia de lograr pedir ayuda es que me gusta lo que estoy recibiendo (finalmente, de todo se aprende), veo el cariño de los que me rodean, la ternura de los que me conocen y saben el esfuerzo que estoy haciendo, la paciencia interna por no arrancarme la férula y la tolerancia con los tiempos de los demás, así como la serenidad para aceptar las cosas que no puedo realizar y no desesperar. Pero lo que más me agrada es andar en la calle, encontrar gente desconocida que sienten empatía con mi estado y sin pensarlo se acercan a mí, logrando sacarme un gracias y una sonrisa. Ahí es cuando confirmo que, ciertamente, todavía hay más personas buenas que malas. Mientras, procuraré descansar, recuperarme y no dejar de sorprenderme de las lecciones que nos presenta la vida ante las adversidades.
Amo leerte! Me identifico tanto! Me encanta darme cuenta de lo que hemos crecido y madurado. Eres una excelente persona! Recupérate pronto mi Romy! Te abrazo fuerte (con brazo al aire) 🙂
Jajajaja, con brazo al aire. Así es pero con mucho cariño