¿Dónde entrenan los sueños?

Todavía no tengo muy claro cuándo fue que mis dos hijas se volvieran locas por el futbol soccer. Parecen tener la misma información que Martinoli y comentarios parecidos a los de  Jorge Campos al estar de espectadoras ante algún partido creciendo en ellas una loca pasión por los Pumas; piden a gritos ir al estadio, lugar donde gracias a Dios sigue siendo familiar; no se pierden ningún partido aunque esto implique un round con su madre para poder desvelarse; y por supuesto portan con orgullo la playera azul y oro.

IMG_1630Esta misma pasión las ha llevado a practicar este deporte; mientras una sueña con ser futbolista, la otra, gracias al privilegio de la palabra que heredó de su familia paterna, quiere ser comentarista. En este afán de poder hacer una actividad en forma, comenzó el vía crucis de buscar dónde realizarlo. Comenzamos dentro de un club deportivo con un grupo de 10 niñas como máximo y un maestro disperso, más atento a su teléfono celular que al entusiasmo de sus alumnas, mientras tanto, varias mamás buscábamos encarecidamente la oportunidad de tener un encuentro contra otro equipo, cosa que sólo se dio una vez después de año y medio de «entrenamiento».

Nuevamente, abrimos horizontes y acabamos en las clases que ofrecía el colegio junto con una escuela de soccer. Felizmente, entrenaban con varias de sus amigas en la espera de poder competir en una liga o por lo menos en un torneo, entre tanto, veían con cierta envidia a los niños de su categoría jugar partidos cada semana y ellas, ni uniforme tenían. Esta academia logró concretar 3 partidos y una final en el Estadio Azul, misma que nadie supo cómo se había logrado, pero ahí estábamos apoyándolas, con playeras hechizas. Era una gran emoción pisar una cancha profesional, era un sueño para cada una de estas criaturas, las apabullaba el lugar pero las mantenía firmes a su propósito.

Durante ese mismo año, los padres de una amiga de mi hija menor, organizaron un equipo para competir en una copa que se llevaba a cabo solamente durante un fin de semana. Hubieron entrenamientos, uniformes dignos, coach etc. Mientras, mi hija mayor y su mejor amiga deciden organizar su propio equipo para su categoría. Fue un fin de semana cansado, de emociones, de muchas satisfacciones y nerviosismo absoluto en las finales con ronda de penales, obteniendo así 1er y 2o lugar de cada categoría. Efectivamente, después de este suceso los ánimos hacia este deporte crecieron desmedidamente.

Fue así, que en verano me solicitaron curso de futbol mientras veían los partidos en las olimpiadas hasta llorar cuando México fue eliminado. Con la gran cantidad de deportes que desfilaban en nuestra pantalla, más se ilusionaban con algún día verse compitiendo ahí.

Al regresar a la rutina escolar, una amiga me platica de la oportunidad de entrenar en el representativo de un equipo nacional, con unos horarios más amplios y más días. Honestamente, a mí me desajustaba la rutina de 3 hijos pero era una gran oportunidad. Primero, quería evaluar el entrenamiento, los tiempos, las distancias (no hay que olvidar que en la Ciudad de México un recorrido de 5 km se pueden convertir en 1 hr.) y sobre todo la promesa de juegos continuos, que era básicamente lo que mis hijas pedían a gritos. Nos probamos, ellas con el balón y yo con el reloj, acepté la propuesta y cuando estamos en el momento decisivo de la inscripción nos comunican que no se abrirá categoría para ellas para competir en torneos.

Hoy en día, no sé si mis hijas jugarán en ligas profesionales, no sé, si estamos dispuestos a pagar ese precio, pero tienen ganas de serlo, lo sueñan, desean copiar lo que ven de sus ídolos en la cancha, quieren sentirse parte de un equipo, anhelan demostrarse de lo que son capaces. Y nosotros, como papás, buscamos un deporte que les dé disciplina, las forme, sepan trabajar en conjunto, conozcan la derrota pero sobre todo que disfrutan el triunfo.

Hemos ido y venido, de un lado a otro, tratando de encontrar lo que nos requieren los sueños de nuestras hijas. Precisamente, ayer me decían: «señora, las niñas son las más cotizadas en el soccer». Seguro lo son, pero parece ser que en México soñar con ser deportista pasa a segundo terminó, mientras en otros países es un requisito indispensable para pertenecer a la sociedad. Ahora comprendo por qué no logramos medallas o campeonatos y me imagino cuantos deseos hay en la basura, debemos de cuidar lo más preciado que tenemos en nuestras manos: los mexicanos del futuro.

19 comentarios en “¿Dónde entrenan los sueños?”

  1. hola mama es la unica forma de comunicarme contijo te quieero igual mi hermana menor te extranamos te quiero porfa responde soy ca y m te extrana que se mejore eu y besos a papay a ti con amor para ti y un veso a tota

  2. como a esta hora abeses te voy a escribir asi que porfa a esta hora checa si ?
    eu de que esta o estaba enfermo? te quiero muchisimo eres la mejor si pidele a cosmo mon y yo los queremos los am0 by vlt

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