¡Bendito mi México!
México es un país maravilloso dónde uno es capaz de encontrar cualquier tipo de personaje en las calles, en los lugares menos esperados, con historias mágicas y actividades singulares.
Tal es el caso, de un señor muy característico en el popular Bazar del Sábado o Plaza de San Jacinto. Él vende rompecabezas de alambre que están colgados, ordenadamente, en un palo de madera. Estos pequeños objetos de arte, coloridos y llamativos, resultan ser juegos de destreza para desafiar una zona del cerebro que seguramente no utilizamos con frecuencia. El chiste de estas piezas, es lograr desenmarañar las partes entrelazadas; de otras consiste en amarrar un circulo en una cadena de un sólo tirón; hay unos más, que son tornillos complejos de desengarzar, etc.
Pero lo más atractivo es el vendedor en sí, durante el día, se encuentra caminando por la plaza, haciendo magia y contando historias en cada uno de los trucos que muestra, dejando al espectador anonadado, atrayendo incrédulos; gusta hacerte dudar de tu propia seguridad; pueden pasar varios minutos intentando imitarlo. Alrededor de él, chicos y grandes se acercan; se escuchan risas y carcajadas; hay complicidad en la mirada de los espectadores y al que logra desenredar el artefacto en mano, grita como si hubiera ganado el premio de la lotería, creando así, un ambiente de competencia y admiración entre los demás. Este sujeto tiene la paciencia de un cura y la habilidad de cualquier mago en Las Vegas. Se nota que goza su trabajo, lo hace con pasión y lo transmite a través de sus manos y palabras.

Si, un día tienes la oportunidad de encontrarlo; acércate y escúchalo, obsérvalo y desafíalo. No sólo compres su magia, si no, vibra su energía porque también él es México.