Casi todos los días recorro el mismo camino para ir al gimnasio. Paso por un parque lleno de patos, mi cuñada lo nombró «el parque de los patos». Suelo tomar fotografías de lo que encuentro en mi trayecto y las guardó para mi. Tenía la idea de que durante mis recorridos, había visto todo lo visible, más aún cuando se trata de una ruta que hace una mujer que vivió toda su vida en una gran ciudad y ahora tiene la gran fortuna de ir caminando con patos a su lado.
Pero, no. No había visto todo en el «parque de los patos». Un día de regreso del gimnasio, me encontré a una señora mayor con su andadera parada precisamente antes de subir una pequeña colina. Mi «yo» pensó: «pobrecita, no ha de poder subir». Así que, inmediatamente, me acerqué y le pregunté: ¿necesita ayuda? A lo que respondió: «no querida, estaba viendo lo hermosas que están esas flores». Voltee mi mirada al suelo, y efectivamente, habían unas cuantas flores blancas que habían brotado. Eran bonitas pero casi no se veían. Le respondí: «si, son hermosas». A lo que ella me dijo: «que suerte tuvimos de pasar por aquí y verlas». Sonreí y continue caminando. Mi, «yo» comenzó con un dialogo interno, donde me debatía entre el porqué no las había visto antes y el si la señora tendría Alzheimer. Un pensamiento me llevo al otro y desde que mi madre sufre de demencia, tengo la percepción que muchos otros adulto mayores la sufren también.

Ese mismo día en la tarde cayó una fuerte lluvia por toda la ciudad. Al día siguiente, nuevamente, en mi trayecto en el «parque de los patos» de regreso a casa, volví a encontrar a la misma señora en el mismo lugar y en la misma posición. Me acerqué y le pregunté si necesitaba ayuda, yo asumiendo que sufría de alguna demencia y que seguramente no me recordaría. A lo cual, volteo, me miró y dijo: «querida, ¿recuerdas las flores de ayer? Le respondí: «si, señora». Y, al bajar la mirada buscándolas, no las encontré. Por lo que ella me dijo: «ya no están, se fueron con la lluvia. Que suerte que ayer las vimos».
Volví a sonreír, me despedí y seguí mi camino. Evidentemente, comenzó la discusión interna con mi «yo». Primero, con un regaño, por encasillar a las personas, recordando que todos somos diferentes y no todos los adultos mayores sufren de demencia. Después vino el momento de reflexión sobre cómo en ocasiones somos incapaces de observar los detalles de la vida, los grandes detalles que hacen la diferencia; donde para algunos podrían ser insignificantes, mientras que para otros significan mucho. Y, por último, no dar por hecho nada (me gusta mucho como suena en inglés: take for granted). Cualquier circunstancia nos puede mover de lugar, no somos eternos, ni tampoco los demás.
Después de varias semanas volví a coincidir con la misma señora. Estaba casi en el mismo lugar y posición. Me acerqué y le dije: «buenos días. ¿qué belleza encontró hoy?». Volteo su cabeza sonrío y me dijo: «hoy amanecí cansada. Necesito ayuda para subir y bajar la colina».
¡No hay que dar nada por sentado! (Don´t take anything for granted!)

Increible como siempre! Me dejas reflexionando y siempre con una sonrisa.
Que gran maestra has encontrado en el parque 🙂
Gracias por compartir!
Gracias por leerme. Y, si uno nunca ssbe lo que te va a enseñar otros.
Que lindo !! gracias por compartir, nada es casualidad, los grandes maestros aparecen justo en el momento preciso y nos muestran cosas que nosotros pasamos desapercibidos, me encanta leerte 🥰💖🌸
Gracias por leerme y por tu comentario 🧡
Me encanto, mucha reflexión
Gracias por leerme
Cuán lleno de razón está este fragmento!!
Gracias por compartir tan importante mensaje
Gracias a ti