Más allá de estar al “último grito de la moda”.

“Confeccionar unos jeans requiere unos 7500 litros de agua, el equivalente a la cantidad de ese líquido vital que bebe una persona promedio en siete años. Ese es solo uno de los varios hallazgos alarmantes de un estudio ambiental reciente que revela que el costo de estar siempre a la moda es mucho más caro que el precio monetario que pagamos por ello.” (ONU, news 2019).

El mundo de la moda se ha convertido en un problema importante y urgente de abordar para la salud de nuestro planeta. Mientras millones de personas sufren a diario por escasez de agua corriente, electricidad, comida e, incluso, de ropa; en otras partes del mundo se produce un gasto considerable y sin regulación de estas necesidades básicas; detonando un irreparable daño al medio ambiente.

«La moda rápida o fast fashion» es la producción constante y excesiva de ropa a bajo costo. Esta tendencia inició en los años 80, con la aparición de marcas como H&M, Zara, entre otras. Dando como resultado que hoy en día, cualquier persona pueda llevar diseños similares o iguales a los de «alta costura» o «haute couture», sin gastar cantidades exorbitantes.  La «moda rápida o fast fashion», cubre la demanda del consumidor por vestir al último grito de la moda, y también crea la insatisfecha necesidad de obtener más prendas, mediante un consumo excesivo y, fácilmente, desechable; ocasionando devastadores efectos en el medio ambiente originando miles de toneladas de basura de tejidos no reciclables.

Además, el concepto de «moda rápida o fast fashion» acarrea otros problemas, tales como la explotación laboral, baja remuneración y deplorables condiciones de trabajo en los países donde se fabrican estas prendas.

Pero, ¡No todo está perdido! Hoy en día existe otra nueva tendencia en moda llamada Upcycling, suprareciclaje o reciclaje creativo. Este consiste en aprovechar productos, residuos o materiales de desecho para fabricar nuevas prendas, dándole un nuevo valor.

Asimismo, cada vez aparecen más plataformas donde se vende ropa de segunda mano, ya sea en línea o en tiendas vintage. Mientras tanto, más personas apuestan a comprar moda sostenible o de segunda mano, adaptarla a su gusto, y creando un estilo único.

Entretanto, yo, a quien le gusta la ropa y, culpósamente, me declaro víctima de la «moda rápida o fast fashion», me comprometo a mirar antes de actuar; a pensar antes de comprar; a reciclar ropa y, sobre todo, a reutilizarla. A pensar en aquellos marginados, y a cuidar mi planeta que me proporciona mejores regalos que un vestido nuevo. Y, tú, ¿podrías comprometerte, también?

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