Hace tiempo atrás en la oficina nos encontramos con la necesidad de contratar a una persona que nos ayudara en las cuestiones sencillas del día a día laboral. Básicamente, que archivara y acomodara facturas; recibiera e hiciera llamadas de seguimiento y servicio entre otras. Y fue así como contratamos a Susana. A Susy, como la conocíamos, se le ofreció un trabajo de asistente administrativo de medio tiempo con una paga correspondiente a su desempeño. Después de tres meses decidió decirnos adiós.
Volvimos a analizar la propuesta para la vacante mientras una de las asistentes de gerencia me hizo llegar el curriculo vitae de «la otra Susy». Al leerlo me pareció muy completo para lo que se solicitaba pero accedí a la entrevista.
Efectivamente, «la otra Susy» estaba sobre calificada para el puesto que solicitábamos. Sus conocimientos superaban a la mayoría de la plantilla actual de la empresa. Al cuestionarla sobre su interés en un empleo que representaba la mitad de su capacidad profesional me respondió lo siguiente: «Trabajé mucho tiempo en un banco. Comencé de cajera y terminé de gerente de sucursal. En ese intervalo de tiempo tuve a mis dos hijos. El mayor lo cuidaba mi mamá pero cuando nació el segundo, mi madre ya no tenía energía, ni salud suficiente para continuar viendo por los dos. Discutiendo con mi esposo decidimos dejar mi trabajo y dedicarme por completo a mis hijos. Al principio fue muy satisfactorio estar con ellos, viví sus etapas, pero cuando crecieron y se fueron al colegio me encontré conmigo y el espejo. Esporádicamente, busqué ayudar a mi vecina en su negocio, hasta que se cambió físicamente lo que complicaba el asunto al intentar desplazarme al otro lado de la ciudad de México. Fue así que comencé a dar clases de baile en la escuela de mis hijos dos días a la semana y ahora estoy aquí sentada frente a usted buscando ocuparme de nuevo».
Enseguida le pregunte: «¿Estás consciente que lo que te ofrezco es un trabajo de mucho menor rango al que tu desempeñabas?». Y «la otra Susy» respondió: «Sí. Lo único que quiero es ganar un poco más de dinero porque aún con los dos empleos de mi esposo no es suficiente para vivir». Con cierta pena se disculpó porque tenía tiempo sin trabajar, como si el ser madre no te diera herramientas nuevas.
Realmente estaba sorprendida con la entrevista a «la otra Susy». Me produjo muchos sentimientos al escucharla. Además, tenía claro que no era ni la primera, ni la última mujer que sacrificaba su desarrollo personal para dedicarse a su familia o el sacrificio familiar por el laboral. Yo misma me enfrenté a ese problema con resultados diferentes. Aquí la situación era que yo la tenía en mi oficina sentada frente a mí esperando una oportunidad, la que fuera, sólo pedía una forma de poder conjugar los roles de madre trabajadora.
Probablemente debido a mi condición de mujer algo gritaba fuertemente dentro de mí: «¡Tienes que ayudarla! No sólo se trata de un asunto de género, es una oportunidad de desarrollo para ambas». Tenía que poner en contexto lo que «la otra Susy» me ofrecía contra lo que yo podría darle a cambio.
Inmediatamente, me puse a trabajar en la propuesta. Armé un plan especial donde desarrollé una plaza como asistente de Dirección adecuada para «la otra Susy» y sus habilidades. Le asigné tareas de acuerdo a su nivel laboral y otras que son inevitables, como archivar. Le ofrecí un sueldo un poco mejor que el que se tenía contemplado. Le propuse probar 3 meses y que ella evaluara su estadía. Además establecimos un horario donde ella pudiera dejar a sus hijos y recogerlos sin que le generara pesar en la oficina. Así como los días en que no hubiera clases escolares; los días que se enfermará la maestra o alguno de sus críos; las vacaciones o cualquier imprevisto que surgiera para que considerará reponerlos a su conveniencia.
Hoy, «la otra Susy», es un elemento importante en la empresa, gracias a su experiencia profesional nos ha cubierto un espacio desatendido. Sus conocimientos han sido valiosos. Entra y sale con una sonrisa todos los días. Ha logrado poner orden en varias áreas como la laboral y personal. Nuestra «otra Susy» es un típico ejemplo de falta de oportunidades para mujeres con ganas de trascender.
Soy la más feliz de haber encontrado la forma de dejar mis comentarios en tu blog! Pocas empresas pueden dar ese apoyo, y nunca pensé que en mi oficina se pudiera tener la opción de «homeoffice». Yo ya lo estoy viviendo, y creo que si me ha funcionado, ya que uno se compromete más y simplemente dejamos de perder el tiempo enfocándonos en ser más productivos, y terminar lo que se nos pide en tiempo y forma. Otras áreas del grupo tienen un mejor horario, saliendo a las 5:30 pm. A mi me ha funcionado más el homeoffice.