Un dulce despertar

FullSizeRender (4)Tengo actividades en mi rutina diaria que disfruto mucho: tomar una taza de café por las mañanas; la satisfacción de terminar mi entrenamiento;  comerme un chocolate sin azúcar en la tarde a escondidas para que nadie me lo quite; echarme al piso con mi perra sin ser vista; ponerme perfume o escuchar mi canción favorita a todo volumen. Pero entre todas estas hay una en especial que sobrepasa a cualquiera y es el despertar a mis monstruas para ir al colegio.

Cada mañana entro cautelosamente de puntitas a su cuarto, alumbrándome con la luz del celular, disfrutando el silencio total y percibiendo ese olor particular mezcla de ambas que se genera en el ambiente de su habitación. El simple hecho de  ver sus caritas, imaginar en qué mundo estarán, todo esto me produce una ternura total. Me aproximo primero a una, luego a la otra, diario voy cambiando de monstrua  porque así me lo pidieron ya que esos instantes son sagrados para ellas. Aún observo algunos rasgos de bebé en sus caritas , percibo su inocencia, su paz. Con mi mano tibia, comienzo a acariciarlas poco a poco, las beso tiernamente y aprovecho para susurrarles lo mucho que las quiero, agradecerles que me hayan elegido como mamá y recordarles que mi ángel las acompañará en su nuevo día. Algunas veces les robo unos segundos de su sueño para acostarme a su lado. Las huelo, las vuelvo a ver, las beso nuevamente y mi corazón sonríe agradecido. Poco a poco en su despertar recibo todo tipo de comentarios o gesto, desde: el abrazo, el beso, el arrumaco, la sonrisa, el cariñito… Hasta, el comentario que sueltan para ver si es chicle y pega : «¡hoy no hay escuela!». Como si revisar el despertador no fuera lo último que hago al dormir la noche anterior. O con las manitas juntas cubriéndose la cara  diciendo tiernamente: «¡no hay nadie aquí!». O «¡ ya me fui a la escuela!». O en tono de huelga, «hoy tampoco quiero ir a la escuela». O reclamando:  «¡hoy es sábado!»  En realidad es lunes. O el más frecuente: «¡no me dejaste dormir nada!» cuando durmieron más 10 horas seguidas. O, «mamá todavía es de noche». Y poco a poco, turnándome entre las dos camas se van despertando, estirándose, volviéndose a tapar, echándose las cobijas en la cara, haciendo gestos y  pucheros. Así comienza su día.

Últimamente, el papá de mis monstruos y yo estamos en una campaña por hacer hijos más independientes. Ayer las dos monstruas me  dijeron que era importante empezar a hacer las cosas por ellas mismas y que se comprometían a  poner el despertador y levantarse sin ayuda. No pude evitar boicotear la campaña y decir «¡No! ¡Ese momento es nuestro! ¡No necesitamos despertadores si me tienen a mí!». Estoy dispuesta a seguir haciendo la misma rutina mientras pueda, sé que la tregua sin reloj despertador será corta pero para mí continuará siendo un dulce despertar.

 

2 comentarios en “Un dulce despertar”

  1. Me encanta tu blog. Es doblemente satisfactorio por la cercanía familiar y por la admiración a tu historia . . .solo un comentario después de 25 años sigo despertando a Libi . Es un momento mágico 😌❤️🌸🌺🍀🌷

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