Nos alcanzó el verano

Para toda familia el verano es un tema importante a discutir. Los niños salen de clases y tendrán más de un mes de vacaciones. Los padres se cuestionan: Ahora, ¿Qué hago con ellos? ¿Quién me los va a cuidar? o en ciertos casos ¿Quién los aguantará? Todo un dilema que nos hemos construido, en algunas ocasiones, cuando anteponemos nuestras necesidades y estamos dispuestas a gastar lo suficiente para que podamos disfrutar de nuestra vida diaria sin ellos. Buscamos un sin fin de actividades como cursos de cocina, de inglés, de arte, de meditación, de futbol, hay a quienes les va mucho mejor y les toca curso en el extranjero. El chiste es tenerlos ocupados de alguna manera.

Yo recuerdo que cuando era pequeña (si, apenas unas décadas atrás) el verano era fácil acompañando a mi mamá a todas sus actividades diarias como hacer el super; que en aquellos tiempos pasaba horas en ese frío lugar donde la  tecnología para pesado de frutas y verduras, así como la cobranza, eran muy básicas y hacíamos colas de varias horas perdiendo casi toda la mañana. Además no me llevaba ningún premio por ir, al contrario mi obligación era cargar las bolsas de camino a casa. También me tocaba ir al salón de belleza, donde yo no podía gozar de ningún servicio. Pero lo que más deseaba era  que llegara la tarde para poder salir a jugar a la calle con mis amigos a mis anchas, sabíamos que teníamos que regresar cuando obscurecía o cuando moríamos de hambre. Así eran mis vacaciones, muy distintas a las de hoy. Mi mamá no me calendarizaba las actividades, yo sólo obedecía con acompañarla y ayudarla, mientras me divertía con lo que tuviera. Probablemente, en ocasiones era aburrido pero buscaba en mi creatividad para entretenerme y más cuando estas duraban más de un mes.

He de aclarar que mi madre no trabajaba por eso yo tenía vacaciones de lujo. Para los padres trabajadores es un dilema mucho más complejo porque ellos sí tienen que encontrar una actividad donde sus hijos se distraigan pero sobre todo estén seguros. Pocas empresas permiten el famoso y poco recurrente «home office» tanto para padres como para madres. Entonces tienen que pedir días de vacaciones para cuando no hay curso de verano  o cuando no lo pueden pagar o cuando algún familiar no los pueden ayudar y si tienen solvencia económica suficiente podrán tomarse unas vacaciones en serio para descansar y pasear, todo lo tienen que hacer con perfecta planeación para no faltar a ninguna de sus responsabilidades.

Yo en lo personal, disfruto mucho este tiempo, tengo la oportunidad de convivir con mis hijos y de poder llevarlos de paseo. Creo ser de las pocas mamás que lloran el primer día de clases porque ya no estarán conmigo, aunque nos peleamos y discutamos para mí siempre son los mejores momentos que comparto con ellos es una oportunidad de conocernos mejor. También tengo la gran ventaja de poder trabajar a distancia logrando establecer mis propios horarios. Pero  por mi… ¡Qué vivan las vacaciones!  Olvidemos por unos días el rigor de un despertador, mejor disfrutemos la bendición de la compañía de nuestros seres queridos, por el tiempo que se pueda.

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