El día de ayer, en la ciudad de Monterrey, un estudiante de 15 años con arma en mano disparó a su maestra, dos compañeros más y acabo por suicidarse. Una tragedia. Al leer la noticia, tuve que revisar varias veces la fuente pero lo que me sorprendió fue el lugar de los hechos. Estas historias las veía lejos de mi entorno y para mi sorpresa, estaba sucediendo en mi país, en mis narices…en mi sociedad.
Hoy, he tenido la oportunidad de leer muchas reflexiones con respecto al caso. Todas llenas de indignación, tristeza, preocupación y dolor. #meduelesmexico : es el hashtag del día.
Siempre, he dicho que: violencia genera violencia. Esta situación en particular, demuestra una falla en nuestro sistema educativo. Somos, de cierta manera, responsables de lo sucedido ayer, en todos los niveles de culpabilidad en el caso. Desde, el momento que criticamos al vecino; juzgamos a los demás; emitimos, constantemente, una infinidad de quejas de un gobierno que podrá no ser el deseado pero es el electo; nos gusta meternos el pie entre nosotros; desvalorizamos a la gente con una condición económica, social, o de capacidad diferente a la nuestra; sobornamos a quien se encuentre enfrente; amedrentamos a otros por nuestra posición intelectual o de derecho; nos hemos olvidado del respeto a la madre tierra; hablamos mucho; pensamos poco; rezamos nada; desacreditamos la autoridad; nos hemos olvidado de los ancianos y los etiquetamos como carga; dejamos de creer en el compromiso mutuo; condenamos las creencias; tenemos cero tolerancia a los que viven diferente, aman diferente, gozan diferente; hemos cambiado la atención familiar por la mirada a una pantalla; como padres, nos convertimos en cómplices de nuestros hijos, sin justificación, solapando sus «travesuras»; no establecemos límites necesarios para formar adultos capaces de enfrentar con valor la vida; nos cegamos de sus acciones y de las nuestras. Pero, lo peor es que todo esto lo hacemos delante de nuestros hijos, quienes nos observan, absorben y comparten nuestro sentir, como si fuera el suyo propio, sembrándoles nuestras palabras y acciones como modo de vida.
Me dueles México, sí, me dueles mucho, pero me duele más la humanidad deshumanizada. Me gustaría que dejáramos de ser portadores de malas noticias, quejas, angustias y amarguras. Me encantaría que nos ocupemos de nuestro futuro, el de esos niños y jóvenes, que siguen nuestros ejemplos. Es momento de actuar como lo que realmente somos, una sociedad civilizada.
#ocupemonosMexico

Ángel, gracias por prestarme la imagen de tu cuadro que reencuentra en la embajada de México en Iran. El título de la obra es: «México incluyente».