Es que no se trata solo de Cabify, tampoco de Uber, ni del sitio de taxis de la esquina o el que circula en las calles; se trata de nuestra sociedad, de sus valores, de costumbres y de educación.
En México y en el mundo entero se utiliza a diario, a cada segundo, una mujer como un objeto de placer, como un ser inferior, sin sentimientos, ni deseos.
Desafortunadamente, nuestras raíces como cultura, no nos ayudan, hemos permitido y seguimos arrastrando que nos humillen y nos utilicen de generación en generación; que empiecen por gritarnos, jalarnos, golpearnos o hasta matarnos… pero ya nos cansamos.
La batalla debe de empezar en nuestro núcleo, en la familia, en la escuela, con las vecinas, con nuestras compañeras de trabajo, en el día a día… EN NOSOTRAS y en el espejo. Como madres debemos de educar a los hijos e hijas en un ambiente de respeto, recordando que lo que ellos ven, imitarán y lo que escuchan, comunicarán. Comencemos por inculcar con el ejemplo cuando nos referimos a las demás. Debemos de enseñarles a admirar lo que somos: creación divina, fuente de vida y amor… Pero también exigimos leyes que nos protejan, lugares seguros y autoridades confiables.
¡No queremos más mujeres lastimadas! Son pocas las historias que conocemos y, nos duelen y existen muchas más que cargan su pena en silencio hasta la muerte y…. ni quien se entere.
Desafortunadamente, todas, todas hemos vivido historias de abuso y de humillación. ¿Por qué? ¿Por qué nosotros? ¿Por qué ellas? ¿Quién les da derecho a burlarse, a reírse, o gozar a costa de nuestro sufrimiento? ¿Quién? ¡No debemos permitir que se nos siga tratando como cosas!
Exhorto a hacer un recuento de nuestras acciones diarias, seas hombre o mujer. Recordando que todos tenemos una madre, hermanas, tías, sobrinas…hijas, cerca de nuestras vidas. Sí, somos capaces de respetarlas, cuidarlas y amarlas, por qué no lo hacemos con las mujeres de a lado quienes también son libres de vivir. Dejemos de abusar de ellas, de nosotras. ¡No más! ¡Ni una más! Aprendamos a convivir en paz, no con miedo. ¡Ayúdenos y ayudémonos!
Por ti, por mí, por ella, por ellas, por las tuyas, por las mías, por las nuestras y…
por ellos.
