Así fue el 2020, un año que nos hizo mirarnos para adentro. Que logró que todo aquello que creíamos controlar, incluyendo el tiempo y el espacio, fuera una mera utopía.
Fue un año para valorar un sin fin de cosas pero primordialmente la salud y, así, reconocer a nuestros nuevos héroes: médicos, enfermeras y todos los que laboran en centros de salud, hospitales, clínicas y laboratorios. Para ellos nuestra más grande admiración y respeto.
Tuvimos tiempo para apreciar a nuestra familia y tratar de mantener los lazos afectivos lo más fuertes posibles. Para algunos, se nos presentó la oportunidad de volver a jugar con nuestros hijos, de escucharlos, de verlos crecer, de convivir, literal: «en las buenas, en las malas y en las peores». Para otros cohabitamos con la soledad, logrando una íntima introspección. Entretanto, las parejas evolucionamos, lo que esto signifique.
Festejamos cumpleaños, aniversarios, graduaciones y fechas significativas en la intimidad de nuestro entorno. También, nos perdimos de poder darle confort a aquellos que penaban una perdida. Y, para esos que esperaban celebrar un evento importante, no hubo más remedio que postergarlo con las ganas guardadas.
Nunca antes, nos habíamos lavado tantas veces las manos y desinfectado todo lo que tocábamos. Sonreímos con los ojos y respetamos la distancia, mientras extrañábamos los besos y abrazos que no pudimos dar. Y comprendimos que el no poder estar cerca físicamente, no era una cuestión de “no querer”, si no de cuidar.
Nos sobró tiempo para ver cientos de películas y series, leer libros, jugar, cocinar, comer sin limitantes, seguir dietas, hacer retos, cantar y escuchar música, mirar museos lejanos, asistir a conciertos en línea, aprender un idioma, hasta hubo tiempo para hacer “TikToks”, o, para realizar e inventar cualquier actividad, con tal de que el “encierro” fuera más ameno y menos caótico.
Así como ordenamos y limpiamos nuestras mentes y corazones, también nuestros hogares, los transformamos en oficinas, escuelas y gimnasios, con horarios personalizados. Aunque, para muchas mujeres nos sentimos invadidas en nuestra propia casa, misma que parecía tomada por todos los integrantes de la familia, y los espacios cotidianos se limitaron o desaparecieron. Creo que los más sorprendidos debieron ser nuestras mascotas, al encontrar su territorio lleno.
De un día para otro, la educación cambió, las madres nos convertimos en maestras, aprendimos que la enseñanza es una labor titánica y valoramos el esfuerzo de instituciones y profesores. De este modo, adquirimos mayores responsabilidades, al combinar trabajo, hogar y «docencia», ¡una locura!, ¡el ejercicio máximo de paciencia!. Igualmente, nuestros niños y adolescentes se tuvieron que adaptar a la «escuela en casa», tratando de encontrar, por ellos mismos, respuestas a sus dudas, luchando contra el aburrimiento, viviendo ese sentimiento de pérdida de vida y tiempo que en estas edades se vuelve significativa, inventando nuevas formas de entretenimiento y enfrentándose a una dolorosa y añorada socialización, necesaria para su desarrollo.
¿Cuántos planes no se llevaron a cabo?, ¿cuántas familias se transformaron?, ¿cuántas pérdidas se vivieron?, ¿cuántos cuántos, sin respuesta, transcurrieron en el 2020?.
Desafortunadamente, hubo varios momentos oscuros, de incertidumbre, depresión, miedo, angustia y terror. Y, heroicamente, luchamos para salir adelante, con las pocas o muchas herramientas con las que contábamos (algunos con cientos de rollos de papel higiénico en casa, por ejemplo).
Inevitablemente, nos enfrentamos a una inesperada situación económica y, no tuvimos más opción que reinventarnos, aflorando la creatividad ante la necesidad y readaptarnos a esta realidad.
Ha sido todo un reto inesperado este 2020, nadie nos avisó que fuera fácil. ¡No!, no lo fue, pero si necesario para lograr lo imposible. Y, ante toda adversidad, siempre hay una posibilidad y así pudimos hablar con la empatía; lidiar con la tolerancia; combatir la preocupación; platicar con la soledad; acallar el ego y la soberbia; valorar la compañía; acompañar al dolor; agradecer la vida; sembrar la esperanza y… mirarnos para adentro.
¡Adiós 2020!, y espero que en el 2021 acabemos de aprender lo que falta, pero… que pase más rapidito la lección, por favor.
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