Cada 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, y pareciera que esa fecha es cuando todas las mujeres «somos mujeres», además todas somos empáticas y todas somos unas verdaderas luchadoras por la causa. Pero, pasa la fecha, y en muchos casos, el ánimo decae o se olvida, al menos que se manifieste alguna atrocidad de género que nos vuelva a recordar que hay que levantar la voz.
Asistir a una marcha del 8 de marzo, es lo más cercano ha a tomar una maestría de un sin fin de sentimientos con respecto al género femenino. Sólo, quien ha estado presente, puede entenderme. Es indescriptible el dolor de tantas generaciones reunido en un millón de pasos. Al observar los rostros, los carteles y el lenguaje físico de todas y cada una de esas mujeres, es imposible no lograr sentir las raíces de nuestro árbol cimbrar. Mucho se ha hablado del tema y cuando estás ahí comprendes la realidad que se vive, la injusticia y el desconsuelo. Y, respetas las «formas» y reconoces la sororidad.
Pero, ¿qué es la sororidad?, un término que anda rondando por las redes pero pocos tenemos conocimiento de él. Esta es la definición que da la Real Academia Española:
1. f. Amistad o afecto entre mujeres.
2. f. Relación de solidaridad entre las mujeres,
especialmente en la lucha por su empoderamiento.
3. f. En los Estados Unidos de América, asociación estudiantil
femenina que habitualmente cuenta con una residencia especial.
Una vez, que leí y entendí la definición (aunque el término de empoderamiento no me gusta mucho, a mí) decidí que acogería a partir de ¡ya!, esta expresión en mi día a día. Aprendí, después de esa marcha, que si no nos tenemos nosotras como clan, no tenemos nada. Y, así, he intentado (porque fácil, no es) evitar juzgar a otra mujer; desde el momento en que la veo caminar, cómo se viste o cómo se expresa; simplemente dejar a un lado esos pensamientos de crítica. ¡Me cae! que ha sido muy difícil, e inmediatamente, cuando llegan a mí, lo primero que hago, es repetir mentalmente : «sororidad, sororidad, sororidad», y entonces recapacito y mejor admiro lo bello que hay. Porque no puedo olvidar que al juzgarla, me estoy juzgando. Y tampoco puedo relegar que soy MUJER (así como diría la D’Alessio) y tengo dos hijas, en algún momento tendré una nuera (o varias) y también, tengo madre (a veces poca, a veces mucha), tengo cuñadas, sobrinas, suegra, sobri-nietas (así de fuerte), amigas, empleadas… estoy rodeada de ellas, bueno, hasta perra tengo (como mascota). Todas ellas y cada una son mujeres poderosas que merecen ser vistas desde mis ojos como «seres humanos».
Precisamente, hace unos momentos que fui al supermercado me preguntaba ¿Por qué cuando veo a un hombre, no lo juzgo? Quizás así me enseñaron. Sí ciertamente, es una práctica heredada. También, es esa competencia por destacar sobre otras, u ocultarme de mi. Creo, que ese es otro aspecto en el que tengo que trabajar pero por mientras me gustaría hacer una campaña de sororidad, empezando por mí y ojalá pudiera extenderse a ti, que me lees, no importa tu género. ¡Abracemos la sororidad!
P.D. es tan poco acogido este término de “sororirdad” que en todos los auto correctores de gramática, no lo reconoce. Algo estamos haciendo mal.
