Se acercan las vacaciones de Semana Santa y Pascua. Algunas personas ya tienen sus destinos bien definidos mientras otras están por averiguarlo pero lo que he notado es un considerable aumento en la selección de diversos lugares dentro de la República Mexicana. Puede ser que este fenómeno se deba a la crisis económica o a la falta de interés por visitar algún otro país y ha provocado una nueva manera para apreciar las riquezas del nuestro.
Con frecuencia, a los mexicanos nos gusta criticar todo lo que sucede a nuestro alrededor. Somos severos y poco tolerantes con los errores internos, ya sean políticos, deportivos o sociales. Pero cuando se trata de unión nacional (por darle un nombre) estamos dispuestos a todo, como dirían algunos, hasta a aventarnos desde un segundo piso envueltos en la bandera mexicana.
Recuerdo que en el terremoto de 1985, cuando gran parte de la ciudad de México se vino abajo, los ciudadanos no estábamos preparados para esa magnitud de desastre, no contábamos con equipos de rescate especializado, ni había la tecnología actual de búsqueda y rastreo pero en cuestión de horas miles de civiles salieron a las calles para ayudar, quizá, no sabían cómo pero estaban conscientes que al aportar dos manos más podrían hacer la diferencia, aun cuando esto implicara sacrificios mayores como no dormir, o no comer, o exponerse a situaciones de verdadero peligro.
Hace unas semanas tuve la oportunidad de estar en un evento con empresarios mexicanos. Varios de ellos platicaban que por muchos años China había sido su mayor proveedor para sus negocios y aseguraban que hoy en día estaban haciendo alianzas con empresas mexicanas, algunas pequeñas y/o medianas, para aprovechar la mano de obra local, evitar las importaciones y reactivar la economía mexicana. Mientras más los escuchaba hablar, más me sorprendía las nuevas tomas de decisiones del mundo empresarial mexicano y su entusiasmo.
Sólo espero que esto no sea temporal y sea un verdadero resurgimiento. Qué el turismo en México se reactive. Que nos atrevamos a darle la oportunidad a la manufactura, a la creatividad y al desarrollo tecnológico local, así como la mano de obra y el consumo. Hemos volteado para adentro, comenzamos a tenernos confianza, a buscar alternativas para enriquecernos y demostrar lo poderosos y fuertes que podemos ser en muchos aspectos, estamos ávidos de reencontrarnos… de reconocernos. Si ya nos cambiamos el chip por un México grande mantengámoslo, por que México es grande… Grande, muy grande.

Felicidades Ramona Estoy oyendo a mi Papa en los año 80 invitando a los americanosna invertir en Mexico
Me sacaste una sonrisa, de esas que salen directo del corazón. Gracias