Que privilegio el poder gozar de nuestra memoria, ese cofre del tesoro, que nos permite codificar, almacenar y recuperar la información del pasado. También existe la memoria sensorial que tiene la capacidad de registrar las sensaciones percibidas a través de los sentidos, como por ejemplo la memoria olfativa que se describe como “el recuerdo de olores”.
Constantemente estamos emitiendo y percibiendo olores, nos huelen y olemos. Esos olores tienen un papel importante en las áreas de nuestra interacción social, como al comer y beber, en el hogar, en la comunidad, para algunas terapias del bienestar físico y emocional. Se relacionan con la religión, la industria y hasta en las relaciones personales.
De hecho, la industria de los perfumes, que es una de las más grandes en el mundo, y no solo me refiero a las fragancias finas embotelladas en envases originales, que están respaldas por una marca de lujo y con una publicidad meramente, aspiracional; si no, a la industria que desarrolla fragancias para todos los productos que utilizamos diariamente, desde el jabón de trastes, detergente, limpiador líquido, shampoo, jabón de cuerpo, y también, fragancias finas. Hace algunos años tuve la oportunidad de conocer más sobre el tema ya que colaboré para dos grandes empresas del perfume: Firmenich e International Flavors & Fragrances (IFF), y me atrevo a comentar que el proceso de encontrar una fragancia ganadora para el mercado objetivo, no es sencillo; se requiere de narices entrenadas profesionalmente, como son los perfumistas, quienes cursaron una extensa carrera, trabajan constantemente en búsqueda y desarrollo de nuevas fragancias, tomando a la naturaleza para su inspiración.
Mientras tanto, la mercadotecnia ha desarrollado aromas específicos para ciertas marcas, logrando asociar el olor con la marca, generando una experiencia de compra más personalizada. ¿Quién no puede evocar cierto aroma con determinada marca? Por ejemplo, al entrar a una tienda, como Zara o Abercrombie, inmediatamente se puede percibir el aroma particular de la marca, ocasionando, así, una conexión neuronal entre el recuerdo y el olfato. Hoy en día, cada vez son más las marcas que se personalizan con su propia fragancia.
No puedo dejar de mencionar la novela llamada el Perfume, de Patrick Süskind, ambientada en París, que trata de un asesino en serie con un olfato hiper-desarrollado. El autor logra recrear los olores a través de la lectura en una experiencia de sentidos extraordinaria (y, ya no sigo porque es un libro que vale la pena leer).
Lo mismo sucede con las personas, es como si al nacer también nos registraran con nuestro propio perfume. Hace poco estando en un lugar público pasó a mi lado una persona dejando una estela de su perfume, e inmediatamente como cascada vinieron a mí un sin fin de recuerdos de mi adolescencia, al recordar el famoso perfume “Giorgio”. Sin duda alguna puedo afirmar que, hay olores que permanecen en la memoria olfativa y no cambian con los años, por ejemplo: mi madre, aún con problemas de demencia, en ocasiones registra algún aroma conocido para ella, y logra asociarlo con un recuerdo. Debido a su condición física, cada vez son menores los recuerdos que tiene, ya que el sentido del olfato se ha ido deteriorando, pero en ocasiones, ese “huequito” en la cabeza todavía le ayuda a viajar por el tiempo.
En mi caso, puedo presumir de tener un olfato bastante desarrollado, es decir “huelo todo” o, casi todo, en ocasiones, lo considero como si fuera un “super poder” (como madre ¡lo es!), en otras, no tanto. Sin embargo, me gusta jugar con mis recuerdos, por ejemplo: cuando entro a un centro comercial americano, recuerdo que mi padre, siempre me decía: “huele a Estados unidos”. Y, sí huele a “nuestro Estados Unidos” (al de él y al mío, porque era nuestra experiencia). Por eso, aun cuando me encuentro lejos puedo volar en mi memoria y viajar por campos de cempasúchil, hornos con pan de muerto, magueyes de tequila, humo de cigarros, coches nuevos, la cama de mi mamá, el suéter de mi papá y transportarme con la magia de la memoria, mi nariz y mis recuerdos.
