«A mí no me pasan estas cosas»

Qué fácil es pensar que las tragedias de los demás, no llegarán a nuestra puerta, NUNCA. Con frecuencia, nos sentimos invencibles y hasta nos atrevemos a asegurar: “a mí no me pasan esas cosas”.

Un día nos damos cuenta que somos mucho más vulnerables ante la vida de lo que creíamos y en cuestión de segundos nuestra cómoda existencia se transforma en una cosa inesperada, como sacada de una pesadilla.

Hace apenas unos días mi esposo salió a andar en bicicleta, como muchas otras veces lo había hecho ya pero en esta ocasión iba sólo. Y, en cuestión de segundos, con un cansancio acuestas, en una distracción, en su “confianza personal” pasó lo que tenía que pasar… lo atropellaron y por su culpa.

IMG_3435 Fue un accidente bastante aparatoso: voló contra el parabrisas del automóvil; rodó hasta caer al piso y quedó, ahí. Una amiga y su esposo al pasar, lo reconocieron y lo ayudaron.

Cuando recibí la llamada del accidente por un momento pensé que se trataba de un raspón hasta que me avisaron que ya había llegado la ambulancia. Con prisas y el corazón a cien, un amigo y yo fuimos a buscarlo. Al llegar encontramos, a mi esposo dentro de la ambulancia vendado y con collarín, todo el piso lleno de sangre. El coche que lo atropelló estaba deshecho, parabrisas roto, techo y cofre completamente abollados. La bicicleta partida en tres pedazos y casco roto. En mi presencia, el paramédico le hizo una batería de preguntas, a mi esposo, de las cuales no contestó ninguna bien.

Inmediatamente, lo llevamos a un hospital. En el recorrido buscaba boletos de avión, nombres de doctores que estuvieran cerca, referencias de la clínica a la que nos trasladábamos, preguntaba cada dos minutos como iban las cosas atrás… Mi posición en ese momento era manejar un autocontrol certero, debía tener la cabeza fría para poder tomar las decisiones correctas como responsable de mi esposo, no había cabida a mis pensamientos y sentimientos.

En seguida fue evaluado por un doctor que dijo que todos los días recibía a más de un ciclista, cosa que me dio cierta tranquilidad. Después de cuatro horas de limpiarlo, quitarle vidrios, tierra, coserle alrededor de veinticuatro puntos en varias zonas del cuerpo, sacar la tomografía y una placa de lumbares, el doctor nos dijo: está bien, no tiene nada roto y sólo fue el golpe.

Parecía imposible lo que nos decían después de ver el aparatoso accidente, mi esposo no tenía ni una uña rota, ni un diente, ni una costilla, ni el hombro, ni rodillas, ni la cabeza… nada. Se paró sólo, caminó al coche, habló, bromeó y así se mantuvo… bien.IMG_3423

Conforme pasaron los días comprendí que los milagros si existen y después de varias visitas a especialistas y estudios; todos coincidían que estaba bien.

Poco a poco, fue cayendo en mí el estrés, insomnio, miedo y tristeza. Sí, me había asustado mucho pero lo había bloqueado para ser eficiente. Una noche mientras no podía dormir recordé la bicicleta y el coche deshechos; lo grave del accidente; los comentarios de los mismos doctores al asegurar que era un milagro su estado. En ese momento vinieron a mí cuestionamientos nunca antes evaluados porque yo creía que “estas cosas a mí no me pasaban”. Por mi mente pasaron ideas de verme viuda, con tres hijos huérfanos, con una nueva vida que resolver, una que jamás me había planteado.  También agradecí que sólo había sido una llamada de atención, una recapitulación de nuestra propia vida, una alerta, una renovación y un “esto SI nos pasa a todos”, “no somos invencibles”. Las vidas cambian en segundos, por una pequeña distracción, tu destino es otro y este fue un accidente de bicicleta, pero lo mismo puede suceder en cualquier situación.

Anoche, leía un reportaje en el NY Times sobre Tim Don, el actual récord del mundo en distancia Ironman, fue atropellado en un entrenamiento en bicicleta, mientras se preparaba para el Ironman World Championship en Kona, Hawaii. Como resultado de este accidente tuvo una fractura de vértebra C2, meses en silla de ruedas, complicados aparatos en el cuello, terapias etc. pero después de seis meses correrá el maratón de Boston cuyo  objetivo es hacerlo en 2 horas 50 minutos, más o menos el mismo tiempo en el que tuvo que correr para conseguir su récord mundial.

Hoy, sólo puedo confirmar que: “cuando te toca, ni aunque te quites y cuando no te toca, aunque te pongas”. Gracias a Dios.

P.D. Infinitas gracias a esos ángeles: Pato, Arlette y otros que no conozco que rescataron a mi esposo. No puedo más que decirles: ¡GRACIAS!

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