Hace unos días, encontré en Facebook la siguiente carta a Santa Claus. Al principio me pareció genial pero después de repasarla con calma me dejó mucho que pensar. Sentí cierta lástima por mí, pues me vi reflejada en una gran cantidad de situaciones. La carta decía:
Querido Santa:
Te escribo esta carta con un lápiz rojo que mi hijo dejó en la camioneta, en el reverso de un recibo, sentada al volante en la fila del colegio, y quien sabe cuándo volveré a tener un poco de tiempo libre en los próximos 10 años.
He sido una buena madre durante todo el año. He alimentado, llevado, traído y cuidado a mis hijos cada vez que lo han necesitado. He visitado con ellos al ortodoncista y la sala de urgencias muchas más veces de las que he visitado a mi ginecólogo. He forrado libros, vendido boletos, boteado para las misiones, recabado latas y periódico; he ido de madrugada a imprimir tareas al ciber porque se descompuso la impresora.
Pensaba que quizás, ya que no te he pedido nada en los últimos años, esta Navidad podrías traerme algunas cositas. Aquí tienes mis deseos:
Me gustarían una nueva cabeza que no doliera tanto y unos brazos delgados pero que fueran lo suficientemente fuertes como para apartar a mis hijos de malas compañías mientras hace una rabieta.
También quisiera una linda cabellera, ya que en algún lado perdí la mitad de la que tenía, por ahí del séptimo mes de embarazo.
También me gustaría tapicería de auto resistente al yogurth, un estéreo que sólo ponga música para adultos, una televisión que no transmita programas de animales que hablan, y un rinconcito secreto en mi closet donde poderme esconder para hablar por teléfono y revisar mis mensajes.
En el aspecto práctico, quisiera una muñeca que hable y diga, «Sí, Mamá» para ayudarme en mi autoestima como madre, junto con dos niños que no peleen, y tres jeans que se abrochen sin necesidad de tanta fuerza.
También me gustaría una grabación de monjes tibetanos cantando «Lávateeee los dientes» y «Levántenseeeee en éste momentoooo» ya que mi voz parece estar fuera del alcance auditivo de mis hijos y puede ser escuchada sólo por los vecinos.
Sería maravilloso si hicieras que mis hijos hicieran su tarea y recogieran su cuarto sin necesidad de que mi cara cambie tanto de color.
Si fuera tarde para encontrar todo esto, quisiera al menos el tiempo suficiente para cepillarme los dientes y peinarme en la misma mañana, o el lujo de sentarme y comer tranquila la comida caliente.
¿Sería demasiado pedir que pudiéramos llamar «verdura» a los tacos? Me ayudaría a tener la conciencia en paz con respecto a la alimentación de las niños.
Bueno Santa, el timbre de salida me indica que terminó mi tiempo y los otros papás quieren avanzar. Mi hijo querrá que le devuelva su lápiz. Que tengas buen viaje y recuerda limpiar tus botas antes de entrar; a esta bendita duela tono chocolate se le nota todo.
Puedes comerte las galletas que te dejamos en la mesa, pero cuidado con dejar migas.
Con cariño!!!
PD: ¡Ah!… otra cosa, puedes anular todos mis deseos con tal de que hagas que mis hijos crezcan felices, sanos y se conviertan en personas exitosas y de bien.
Una última petición: habrá manera de que no crezcan tan rápido???
Mi reflexión fue la siguiente:
- Te escribo esta carta con un lápiz rojo que mi hijo dejó en la camioneta, en el reverso de un recibo, sentada al volante en la fila del colegio, y quien sabe cuándo volveré a tener un poco de tiempo libre en los próximos 10 años. La maternidad nos está absorbiendo en tiempo y en espacio.
- He forrado libros, vendido boletos, boteado para las misiones, recabado latas y periódico; he ido de madrugada a imprimir tareas al ciber porque se descompuso la impresora. Recuerdo que todas estas actividades eran responsabilidad mía. Ahora hacemos todo por ellos. Estamos creando niños sin compromisos ni acuerdos.
- unos brazos delgados pero que fueran lo suficientemente fuertes como para apartar a mis hijos de malas compañías mientras hace una rabieta. Es mejor alejar a nuestros hijos, en vez de controlarlos. ¿Dónde queda la autoridad?
- tapicería de auto resistente al yogurth, un estéreo que sólo ponga música para adultos, una televisión que no transmita programas de animales que hablan, y un rinconcito secreto en mi closet donde poderme esconder para hablar por teléfono y revisar mis mensajes. No les hemos enseñado a respetar nuestro tiempo ni nuestro lugar.
- quisiera una muñeca que hable y diga, «Sí, Mamá» para ayudarme en mi autoestima como madre. ¿Nuestra tranquilidad depende de dos palabras que salgan honestamente de la boca de nuestros hijos?
- Sería maravilloso si hicieras que mis hijos hicieran su tarea. Parece ser que nosotros somos las responsables de sus labores escolares. Cuántas veces no escuchamos a las mamás decir: «¿Qué nos toca de tarea hoy?» .»¿Me pasan el ejercicio 5 de la página 49, que «fulanito»no copio bien?». La excusa es que si no, no saca buenas calificaciones. ¿Quién, el hijo o la mamá?
- Mi hijo querrá que le devuelva su lápiz. Cuando se trata de sus cosas, son suyas; pero cuando se trata de mis cosas, son de ambos.
- Puedes comerte las galletas que te dejamos en la mesa, pero cuidado con dejar migas. A Santa Claus sí le exigimos que sea limpio
- puedes anular todos mis deseos con tal de que hagas que mis hijos crezcan felices, sanos y se conviertan en personas exitosas y de bien. Llegó el remordimiento, mejor nos retractamos de nuestros fallos, con tal de que ellos sean felices. ¿En verdad los estamos llevando por el camino de la felicidad?
Después de meditar cuidadosamente los puntos anteriores, llegué a la misma conclusión a la que llegan tantos psicólogos y expertos en el tema sobre los roles de paternidad, donde los niños demandan, nosotros obedecemos. Estamos creando hijos inútiles con padres exhaustos; una generación con malos modales; y padres defensores de sus criaturas. Construimos supuestos líderes que no saben asumir la responsabilidad ante el fracaso o la frustración, hijos exigentes con progenitores dadivosos en exceso. Precisamente, hoy, preguntándole a un grupo de niños cuáles eran los regalos que le pedirían a Santa Clous esta Navidad, me respondieron: «sorpresas». Me quedé pensando, ¿será que tienen de todo o que no tienen ni ganas de pensar qué pedir? Probablemente en su lógica infantil esta la respuesta: ¿para qué pienso o me esfuerzo en buscar lo que quiero, si mis papás ya lo saben? Que lo piensen ellos por mí.
Me quedé pensantiva sobre el futuro que estamos construyendo. Quizá decirnos un fuerte NO podría ayudar a replantear nuestro papel en la educación de nuestras criaturas.
Ojalá el próximo año circule una carta más reconfortante que esta, con deseos valiosos, menos remordimientos y más acciones.

¡Felices fiestas!
Romi, tu reflexión no puede ser mas atinada y aunque muchos (por no decir todos) los que hemos criado niños hemos tenido los mismo pensamientos, pocos los hemos plasmado tan adecuadamente como tu. Felicidades por ayudarnos a ver esta realidad y así poder corregir muchos de lo que se puede y debe cambiar con la crianza de nuestros queridos tiranos.
Tal cual, queridos tiranos. Gracia Manlio. Abrazo
A un niño de 5 años no se le envía al cyber ni forran solos los cuadernos . Creo que esta reflexión no aplica para madres con chicos pequeños que depende 100% del cuidado de los padres . Pues yo hago todo esto. Y criando hijos independientes , seguros de sí mismos y obedientes . Pues les acompaño en cada etapa de su desarrollo , cada niño tiene tareas domésticas y responsabilidad según su edad . Esto va en aumento hasta la edad adulta. Lo importante es s nunca dejarlos criarse solos con esta idea de independencia cuando son pequeños solo genera. Inseguridad, apego ansioso o apego evitativo. Acompañen a sus hijos al en su crecimiento y criarán adultos fuertes y exitosos .